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viernes, 26 de abril de 2013

Recursos...



Actividades musicales…

Se sugiere que cada actividad se repita varias veces antes de probar la siguiente, para familiarizar al niño con cada una de las experiencias. Pueden realizarse en grupo o en forma individual, siempre con la intervención de un adulto que coordine.


Jugando con sonidos:


Mirando el diario o una revista, nos detendremos en aquellas fotos que contengan imágenes que nos faciliten reproducir sonido (tren, perro, lluvia, peleas). Luego pedir que los niños intenten hacer esos sonidos con su voz, su cuerpo o algún elemento.


Presentando varios objetos cotidianos diferentes en su material y forma, se les propondrá que reconozcan a cada uno por su sonido particular mientras observan el elemento. Luego, el adulto se ocultará con los objetos y los hará “sonar” para que los niños descubran de qué objeto retrata. También podrá pedírsele a alguno de los niños que sea él quien se oculte y produzca los sonidos para sus compañeros.


El adulto cuenta un cuento corto en el que hará pausas para que los niños sepan que allí deben hacer sonidos. El coordinador deberá elegir las partes en donde resulta más efectivo hacer silencio. Ejemplo: “Un día de mucho viento… salí a andar a caballo… y en el camino pude ver vacas..., mientras los pajaritos me acompañaban en mi recorrido…”.

Con estos juegos los niños aprenderán a diferenciar los sonidos que los objetos provocan, a deducir los emisores de sonido y reproducirlos imitando su aspecto tímbrico.

Sonido y Espacio:


Los niños se taparán los ojos y el adulto se colocará en algún punto de una sala vacía, desde donde hará sonidos con algún objeto para que los niños lo encuentren.


Ahora en parejas, un niño se tapa los ojos y el otro hace sonidos con su voz mientras se mueve por la sala. El primero deberá atraparlo sin ayuda de la vista. El mismo ejercicio realizado con todas las parejas a la vez, lo vuelve más complejo, ya que además de ubicar espacialmente al compañero, cada uno deberá diferenciar el sonido que produce su par de los sonidos que ejecutan los demás.


Haciendo participar a todos juntos esta vez, sin los ojos vendados, el adulto esconderá un despertador en la sala, lo hará sonar y los niños saldrán a buscarlo.

Luego les preguntaremos cómo piensan que lograron ubicar a objetos y personas, haciéndolos razonar sobre el concepto de localización espacial del sonido.

El Ritmo Musical:

Para todas las propuestas, en esta oportunidad utilizaremos un compilado de músicas de diferentes estilos (tango, rock, blues, flamenco) En cada una de las actividades los niños deberán seguir el ritmo de las canciones acompañados de distintos elementos o utilizando su cuerpo, para iniciarlos en el seguimiento y producción del ritmo musical.


Con pañuelos y cintas: Se pondrá la música dejando que sean ellos los que exploren en busca del ritmo, para lograr autonomía.


Percutiendo en la mesa: Colocados en grupo alrededor de las mesas, esta vez seguirán el ritmo a través de golpes en ellas. El adulto puede mostrarlo para que lo niños lo imiten.


Con botellas vacías: Similar al anterior, pero en este ejercicio cada niño realiza la percusión individualmente, al tiempo que se mueven por la sala con su objeto.


Con el cuerpo: Se les pedirá que muevan todo el cuerpo de acuerdo al ritmo musical, utilizando todo el espacio. Otra variable es proponerles la misma actividad, pero con intervenciones del adulto que señalará qué parte del cuerpo en particular se debe mover.

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